Esta serie comenzó a publicarse por entregas en la revista Circus (Ediciones Glènat) en junio de 1983. Fue la cuarta serie histórica realizada por un Jacques Martin que en ese momento contaba con 62 años. En aquel entonces, Alix estaba regresando de sus aventuras con El emperador de la China, Lefranc se asociaba con su archienemigo Axel Borg en El arma absoluta y Jhen andaba ocupado en sus andanzas junto a Juana de Arco. Jacques Martin ya sólo dibujaba las aventuras de Alix, pero seguía lleno de ideas y estaba pensando en una nueva serie ambientada en la Grecia clásica, por lo que necesitaba un nuevo dibujante que pudiese hacerse cargo de ella.

André Juillard, que a pesar de que por aquel entonces era relativamente joven (contaba 34 años), podía vanagloriarse de haber realizado ya varios trabajos de corte histórico: la serie Bohémond de Saint Gilles versaba acerca de las aventuras de un caballero francés de la época de las Cruzadas y, además del álbum Les Cathares (con guión de Didier Convard), su serie Masquerouge (con guión de Patrick Cothias) iba de viento en popa. Por tanto, resultó una elección más que razonable para dibujar la nueva serie de Martín.
Sin embargo, éste cambió de idea y le propuso una serie que se desarrollaría a finales del siglo XVIII y comienzos de XIX, en la época de Napoleón Bonaparte. El primer ciclo de la serie, compuesto por los episodios La pica roja, El ojo de Kéops y El pozo nubio.
Bonaparte era un personaje que no era del agrado de Juillard. Jacques Martin le había prometido al dibujante tratar al personaje con objetividad y rigor: en el material extra de este integral se incluyen unas declaraciones de Martin realizadas para la revista Vécu en 1986:
«Para mí, como para todos los escolares de Francia, Bonaparte fue durante mucho tiempo el Emperador… Y luego, a lo largo de mis lecturas, mi opinión evolucionó. Ahora tengo una perspectiva muy particular sobre el pequeño corso. Es una mezcla de admiración y rechazo. Con el pretexto de ondear la bandera francesa, hizo cosas que no puedo admitir. No me considero partidario de Bonaparte ni defensor de Napoleón. Intentaré mostrarlo tal como lo veo y situar al personaje lo mejor posible en su contexto histórico.»
Desde mi punto de vista, Martin es un guionista irregular, tanto en sus propuestas narrativas como en la construcción de personajes. Con respecto a su Bonaparte, es un personaje tremendamente plano, sus apariciones parecen más bien un pretexto para hacer que el entramado de complots orquestados en su contra haga avanzar la trama, siempre construida a través de ellos. Esto es así en los tres álbumes que componen el primer ciclo de aventuras, donde queda la sensación de que el guión se ha construido a trompicones. Ya hablaremos del segundo ciclo más adelante.
Por contra, el rigor histórico con el que nos encontramos hoy día todavía no era la norma habitual en el mundo de la BD. Si bien todos los grandes guionistas franco belgas (especialmente, Jean-Michel Charlier) se habían vendido documentando concienzudamente, siguiendo la costumbre comenzada por Hergé, la figura de Martin resultó esencial en este aspecto, ya que venía trabajando el género histórico desde hacía años. La publicación de Arno coincide con la explosión del cómic histórico tratado con rigor académico que tendrá lugar en esa época. Resultarán emblemáticas, por ejemplo, las entregas de la futura revista Vécu de la Editorial Glénat, que verá la luz en 1985. Recordemos además, la obsesión de Martin porque la vestimenta y apariencia de los personajes estuviese totalmente acorde a la época en la que sucedía la acción de sus obras: para Martin, la ambientación y el rigor histórico lo eran prácticamente todo.
El trabajo de Juillard es excepcionalmente notable en este sentido. En su libro La historia en los cómics (Glénat España, 1997) el profesor Sergi Vich nos habla de ella:
«… asistimos a un verdadero homenaje a todos aquellos eruditos que acompañaron a la expedición napoleónica y que quedó plasmada en la Description de L’Egypte ou Recueil des observations faites en Egypte par la expedition de l’armee française de Viviant Denon degustada con fruición, a pesar de su largo título, desde entonces y hasta nuestros días, por todos los egiptólogos que se precien. Pues bien, con un dibujo academicista de línea clara y un estilo que recuerda al pintor neoclásico Jean Auguste Ingres (1789-1867), Juillard recrea e los episodios de Arno una verista imagen del Egipto que visitaron sus compatriotas. hace dos siglos, en el que los resto escultóricos y arquitectónicos de aquella remota antigüedad, semihundidos en la arena, adquieren un papel protagonista que sirve para rendir homenaje, como antes mencionábamos, a la magnífica tarea de los dibujantes que les acompañaron, y cuyo trabajo ha dejado un imperecedero recuerdo recuerdo en las generaciones futuras.»
No es de extrañar, por tanto, que en su día, las aventuras de Arno fueran alabadas por la crítica y que muchos lectores las consideraran una obra maestra.
Hoy en día, donde el rigor histórico y el estudio exhaustivo de la época es una exigencia habitual en las normas no escritas del mercado francobelga, puede no parecernos tan notable, pero sin duda nos encontramos ante una de las obras que contribuyeron a la madurez del género, no sólo del cómic histórico, sino del cómic en general como medio.

Este integral de Trililta sigue la edición de Casterman de 2021, al menos en su primera mitad. Hay que decir que este primer ciclo ya había sido publicado previamente en nuestro país, concretamente en 1999 por la filial de Glénat en España en una edición de un tamaño algo menor (un tanto a favor de la edición de Casterman). Sin embargo, creo que el color y la calidad de reproducción de esta nueva edición son inferiores a los de la primera. Además, también prefiero la portada del anterior integral. La nueva edición incluye las portadas de todos los álbumes -cosa que la de Glénat no incluía- y un interesante dossier de cuatro páginas a cargo de Stéphane Jacquet.
Tuvieron que pasar siete años para que se realizase un segundo ciclo argumental, que se compondría, de nuevo, de tres álbumes: 18 de Brumario, La Ogresa y Chesapeake, todos a cargo de un nuevo dibujante: Jacques Denoël.
André Juillard abandonó la serie por varias razones: la primera es que le resultaba demasiado duro realizar dos series históricas simultáneamente, ya que a la vez que Arno, estaba también trabajando en Las 7 vidas del Gavilán, donde se detallaban los orígenes de su personaje Masquerouge; la segunda razón es que los guiones de Martin le parecían demasiado clásicos y lineales, y por último, le resultaba incómoda la idea de un Arno como fiel acólito de Bonaparte. Juillard solicitó un paréntesis de tres años para continuar la serie después del primer ciclo, plazo que resultó incómodo para Martin. El caso es que pasado ese plazo, Juillard no retomó la serie. Al fin y al cabo, ambos autores pertenecían a generaciones distintas y no acaban de sintonizar.
La parte gráfica de este segundo ciclo a mi me ha parecido más que correcta, y confieso que no he notado la ausencia de Juillard. Denöel era prácticamente un novato en 1992, cuando recibió la propuesta de para continuar la serie, por lo que creo que su trabajo me parece más que remarcable. Y si me apuras, creo que está mas en consonancia con los guiones de Martin.
Por su parte, creo que los guiones de este segundo ciclo están más cuidados. Si bien se nota cierta continuidad en el primero de los álbumes, los dos siguientes son bastante más entretenidos. Resulta irónico ver la ausencia de Bonaparte en la práctica totalidad de estas dos historias, tal y como pedía Juillard. Lo cierto es que las cosas suceden de manera diferente; lo ilustraré con un ejemplo bastante significativo: a Arno se le supone extremadamente bello, pero las diferentes formas en que las mujeres caen rendidas a sus pies en el primer ciclo resultan francamente inverosímiles, por no decir que caen en el absurdo. Ahora, el protagonista suscita la atracción de las mujeres, pero estos acercamientos suceden de una forma mucho más natural. La cadencia de los acontecimientos a lo largo de la historia también fluye de una manera más pausada y creíble y uno llega a interesarse verdaderamente por la narración.
La serie no continuó: desconozco cuáles fueron las razones, pero a partir de ese momento, Jacques Martin retomó a sus personajes principales, Alix y Lefranc, que había dejado un tanto aparcados después de terminar el primer ciclo de Arno: el romano volvería a la vida, ya con Rafael Morales al dibujo; y el segundo continuaría sus aventuras de la mano de Georges Chaillet, su dibujante habitual.
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