El portugués Manuel Caldas lleva años realizando la encomiable tarea de restaurar con un cuidado exquisito clásicos del cómic. No vende muchos ejemplares (de hecho, hace unos meses ha decidido dejar de vender sus producciones en librerías, debido a la decreciente demanda). Aparte del interés intrínseco de sus propuestas, la calidad de la edición y lo ajustado del precio, ¡hay que apoyarle, coño! Comprad sus libros en su web o por correo (mcaldas59@sapo.pt).

En esta ocasión, nos encontramos ante la recuperación de un western de los años cincuenta. Resulta muy llamativo el hecho de que, a pesar de la pujanza que tiene el género en Europa, las series norteamericanas son más bien desconocidas y carecen de reediciones, por lo que muchas de ellas parecen destinadas al olvido. Manuel Caldas está recuperando las excepcionales series Casey Ruggles, de Warren Tuffs y Cisco Kid, de Jose Luis Salinas y Ron Reed (amén del Matt Marriott de Tony Weare y James Edgar, de la Fleetway británica), y hace años que terminó Lance (también de Warren Tuffs), cuyos primeros números hace ya bastante que se agotaron.
Jed Cooper, explorador americano, fue una tira dominical realizada por Dick Fletcher (1916-1992, dibujo) y Lloyd Wendt (guión, 1908-2007), compañeros de trabajo en el Chicago Tribune, que eligieron el escenario de la Revolución de las Trece Colonias para narrar las aventuras de un joven y rudo explorador de Filadelfia y su amigo franco canadiense, Jacques Pierrot.
La serie original comenzó a publicarse en color el 13 de noviembre de 1949 a media página, pasando a un tercio de página el 30 de abril de 1950. No obstante, como indica el propio Manuel Caldas, al no disponer de medios para restaurar las 113 primeras tiras, incluye en este volumen las correspondientes al periodo comprendido entre el 11 de enero de 1952 y el 27 de diciembre de 1953, en blanco y negro, pues el material que ha utilizado procede de las primeras pruebas que se utilizaron para su reproducción en los periódicos. La serie terminó el 26 de marzo de 1961. Nunca fue popular, pero Wendt, editor jefe del Tribune, protegió la serie impidiendo su cancelación
La acción se sitúa en 1755. Según sus autores, su elaboración requirió mucho trabajo previo. A pesar de que su guionista había realizado una tesis acerca de la prensa colonial de la época y que su dibujante era un aficionado a las tradiciones indias, tuvieron que profundizar en la documentación de la serie, utilizando mapas de la época. Fletcher visitó varios museos y estudió detenidamente dibujos antiguos, llegando a adquirir varios grabados y dibujos de la época. Wendt afirmó que se había documentado en una pequeña biblioteca de diarios, manuscritos y libros raros relacionados con los indios y los primeros colonos, además de viajar frecuentemente por los territorios explorados por el héroe de la tira. Como resultado, sus autores se enorgullecieron de la autenticidad de la ropa, las armas, los utensilios domésticos, las casas e incluso los pueblos y ciudades que aparecen en la serie:
«Esperamos que la serie tenga buena acogida en las escuelas por su autenticidad. Sin embargo, consideramos que nuestro primer objetivo es crear una historia interesante. Las hazañas de Jed Cooper se desarrollan sobre un fondo de historia real. No hacemos foco sobre ella, pero está ahí, y parece que a los niños les divierte».
Durante su elaboración, Fletcher se dedicó a estudiar las aldeas indias de Delaware, y Wendt intentó aprender la lengua Leni-lenap, lengua nativa de esas aldeas.
En las páginas recuperadas por Manuel Caldas los textos se sitúan en la parte inferior de las viñetas. Más adelante dejará de ser así, ya que era una práctica en desuso desde hace años.
El prólogo de Rafael Marín (que además hace las veces de traductor) explica debidamente las influencias de Fletcher en esta serie:
«Siguiendo al principio la estética de Milton Caniff o Frank Robbins en este periodo de principios de los años cincuenta el autor se desmelena un tanto, explora a la perfección el montaje con las viñetas grandes (aunque a veces tenga que numerar las viñetas para no confundir al lector) y acaba por acercarse al estilo de George Wunder, que por entonces, y hasta principios de los años setenta, sería el heredero de Terry y los piratas».
Como bien indica Rafael, se echa en falta un poco más de extensión en las historias: la precipitación hace que las historias terminen algo abruptamente, pasando de una a otra de una forma un tanto apresurada. Aparte de esto, algunos clichés empañan el resultado, que a pesar de todo, no deja de tener interés. ¡Ojalá Manuel Caldas pueda continuar la edición de la serie en un futuro!
21 euros incluyendo los gastos de envío. ¡Ya veréis la diferencia que tienen sus ediciones!
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